jueves, 8 de noviembre de 2012

“Los Infalibles” vs. “Los riesgosos”

En Venezuela ustedes conocen mi obsesión en lograr que las resultas petroleras se repartan directamente a la población, para así hacer viable una real democracia.

Fuera de Venezuela, mi obsesión es la de pelear contra unos desastrosos paradigmas de regulación bancaria, y que están derrumbando las economías. Acepto que el tema les puede resultar algo surrealista en la Venezuela de hoy; aún así espero sigan leyendo.

En esencia, lo que objeto, es que los reguladores le permiten a los bancos tener mucho menos capital propio cuando invierten el dinero de los depositantes en activos considerados menos riesgosos, que cuando lo invierten en activos considerados como más riesgosos.

Tal hecho, y que reconozco les puede sonar como algo lógico, causa la distorsión de elevar inmensamente el retorno sobre capital bancario posible, cuando éstos le prestan a lo que oficialmente se considera de bajo riesgo, comparado con el que pueden obtener prestando a lo considerado como riesgoso.

Por ejemplo, para prestarle a "Los infalibles", tales como lo que cuenta con una calificación de riesgo AAA, o países soberanos dizque sin problemas, los bancos solo necesitan tener el 1.6% en capital; o sea puede apalancar su capital 62.5 veces a 1. Mientras que, para prestarle a "Los riesgosos", tales como pequeñas empresas, a los bancos se le requiere tener un 8 % de capital, cinco veces más, o sea el apalancamiento se limita a 12.5 a 1.

Un 1 por ciento de margen neto después de costos y riesgos, prestados a "Los infalibles", le produce al banco un retorno del 62.5% anual mientras, que ese mismo margen, derivado de prestarle a "Los riesgosos", sólo les produce un 12.5%. ¿Qué "riesgoso" puede competir con eso?

Y la determinación sobre quién es quién, infalible o riesgoso, es de unas pocas humanamente falibles calificadoras de crédito. En septiembre 2002, aquí mismo, en un artículo titulado "Lo riesgoso del riesgo país" escribí:

"Si se subestima el riesgo país, ese país quedará inundado de préstamos y endeudado hasta el tequeteque, para luego enfrentar una ola de ajustes. Si se exagera el riesgo país, eso aumentará la tasa de interés que debe pagar y dificultará su acceso a los mercados, hasta tal punto que la equivocada calificación, podría terminar siendo verdad. En todo caso, ambos extremos, acarreará hambre y miseria humana".

Un ejemplo, Grecia. Hasta hace poco era considerada como uno de "Los infalibles" por lo cual la banca, encantada, le prestaba para ganarse una bola de retorno sobre capital, hasta que, naturalmente, le prestaron excesivamente. Y así ahora Grecia pasó a ser de "Los riesgosos", y nadie le quiere prestar, y a los bancos ni siquiera les queda el capital con qué hacerlo, aun cuando así quisiesen.

Pero no es solo que estas regulaciones condenan a los puertos seguros quedar peligrosamente sobrepoblados, sino además que las bahías algo peligrosas, pero que aún así pueden producirnos beneficios, tales como creación de empleos, se quedan sin explorar.

Cuando se saca cuentas sobre el costo del desastre financiero-bancario que azota a Estados Unidos y Europa, el mayor costo puede estar representado por las oportunidades que no se financiaron, debido a estas regulaciones que subsidian a "Los infalibles" y gravan a "Los riesgosos".

En términos de beisbol estas regulaciones equivalen a permitirles a los bateadores calificados como excelentes, el tener 5 strikes antes de cantarles un ¡Out!, mientras que, a bateadores malosos como yo, al primer strike nos retiran.

jueves, 16 de agosto de 2012

Dañada la corteza prefrontal ventromedial

... ¿Pero porqué a los venezolanos, a sabiendas de cómo las resultas petroleras centralizadas le han causado tanto daño a la gobernabilidad de nuestro país, se nos hace tan difícil hacer algo al respecto? El libro de Malcolm Gladwell, “Blink: Inteligencia intuitiva”, 2007, puede que contenga una pista para responder tal pregunta.

En “Blink”, Gladwell comenta que personas con daños en la corteza prefrontal ventromedial (algo que tiene que ver con el cerebro, no me pregunten) pueden ser muy inteligentes y racionales, pero carecen de esa capacidad de juicio que les permite tomar buenas decisiones y centrarse en lo realmente importante… causando una total desconexión entre lo que saben y lo que hacen.

¿Será entonces que los vapores emitidos por resultas petroleras centralizadas causan este tipo de daño a la corteza prefrontal ventromedial?

Por cierto, no es sólo los venezolanos que pueden estar sufriendo de esa lesión. Los reguladores bancarios, aún a sabiendas que todas las crisis bancarias del mundo han resultado exclusivamente de excesivos prestamos a lo que se consideraba, erróneamente, como absolutamente nada riesgoso, y jamás de algo considerado, correctamente, como riesgoso, siguen aplicando requerimientos de capital a los bancos que son infinitamente menores cuando algo es considerado como absolutamente nada riesgoso que cuando es percibido como riesgoso.

jueves, 26 de abril de 2012

El gran riesgo de la aversión al riesgo

Como miembro de la sociedad civil, sea lo que sea tal cosa, acudí a las recientes reuniones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI), esta vez en representación de mi nieta que, con sus pocos meses de nacida, aún no tiene la suficiente capacidad de protestar lo que pudiese ser una usurpación de representación. Uno de los temas a debatir, era la creación de empleos, y, por supuesto quiero que mi nieta, y los de su generación, tengan abundante acceso a buenos empleos.

El mundo está hoy enfrentando una crisis financiera de proporciones monstruosas, lejos de ser resuelta, como resultado natural de los excesivos incentivos que los reguladores le otorgaron a los bancos para que prestasen o invirtiesen en lo que oficialmente, ex ante, se había definido como poco o nada riesgoso... por ejemplo Grecia, títulos "subprime" triple-A, bancos de Islandia y demás hierbas silvestres que resultaron tan peligrosas, ex post. En otras palabras, una crisis causada por unas regulaciones que contenían una excesiva aversión al riesgo.

Pero, a los expertos, no se les ocurre otra cosa que, en el "Informe sobre la Estabilidad Financiera Global 2012" preparado por el FMI, seguir hablándonos de activos seguros; y seguir ignorando el que nada puede ser tan peligroso para unos puertos inherentemente más seguros, que el exagerar su seguridad, y por ende correr el riesgo de convertirlos en unas sobrepobladas trampas mortales.

Y en su informe nos listan un "Inventario de Activos Mercadeables Potencialmente Seguros"; en donde da la impresión que lo de "potencialmente" fue incluido a regañadientes. Esa lista contiene un total de 74.4 billones de US dólares (millones de millones): 33.2 (45%) en bonos soberanos AAA/AA; 5 (7%) en bonos soberanos A/BBB; 16.2 (21%) en títulos valores con garantías especiales; 8.2 (11%) en deuda privada calificada de grado de inversión; 3.4 (5%) en otras deudas gubernamentales o supranacionales; y 8.4 (11%) en oro.

Por cierto, por cuanto a sus precios actuales el oro sólo puede tener valor como una póliza de seguro, para el caso que los demás activos terminen no valiendo nada, no entiendo como el oro y los demás activos "seguros" puedan estar en una misma lista.

Y algunos expertos mencionaban, vez tras vez, casi como unos mercaderes de bonos soberanos "triple-A", casi como para evitar necesitar que sus mismos bancos centrales compren tales bonos, que uno de los problemas más agudos del sistema financiero, es la escasez de activos seguros. Por supuesto, todos queremos activos seguros, quién no, pero en gran parte su escasez real, también depende de que los reguladores le exigen a sus entes regulados poseer esos activos "seguros", por lo que a nosotros, los simples ciudadanos, se nos dificulta adquirir tales activos seguros, a unos precios seguros.

Pero, volviendo a las perspectivas laborales de mi nieta, lamentablemente nada dice el informe sobre la imperiosa necesidad de activos "riesgosos", tales como préstamos a pequeños negocios o emprendedores, y los cuales, a la hora de la verdad, son los que más pueden generar los puestos de trabajo que eliminen ese inmenso riesgo de millones y millones de jóvenes sin empleo.

Por favor, reguladores, el mundo necesita de tomar riesgos auténticos y no esconderse en las faldas de seguridades artificiales que sólo producen fragilidad. ¡Sin la toma de riesgos no puede haber estabilidad!... excepto, por supuesto, por la del tipo tumba.

jueves, 5 de abril de 2012

Se necesitan dignos desempleos

¿Qué político no habla de lograr crear empleos dignos y bien remunerados para los jóvenes? Pero, si eso no fuese posible... ¿qué rayos hacemos?

Por supuesto que la sociedad debe reventarse el alma buscando solucionar el problema del desempleo juvenil... incluyendo quizás hasta contemplar locuras como el desarrollar la cultura del ocio a niveles jamás pensados, ¡seis meses de vacaciones! Pero también debería prepararse para manejar un número creciente de desempleados, no los coyunturales sino los estructurales, o sea, a quienes nunca jamás en su vida tendrán una oportunidad de obtener un trabajo económicamente productivo. 

Hace dos décadas, medio en broma, pregunte en un artículo algo así como si era preferible tener cien mil desempleados corriendo cada quien por su lado como gallinas cluecas, o lograr sentarlos en un inmenso círculo humano donde cada quien le rasca la espalda a su vecino, cobrando mucho por sus servicios, mientras que su propia espalda le es rascada por su otro vecino, a un precio por servicio igual de alto. La tragedia es que tal pregunta se me está haciendo cada día menos hipotética. 

Y no necesariamente resulta un acto de desesperación pensar qué hacer con los desempleados... por cuanto a veces, al buscar desenredar una cabuya enmarañada, el comenzar con la otra punta, puede ser la mejor manera de liberar la primera. ¿Qué es mejor: educar para unas fuentes de empleo que puedan resultar inexistentes y así sólo crear frustraciones, o educar para el desempleo y de repente conseguirse en el camino, la sorpresa agradable de unos empleos? 

El poder de una nación, la productividad de su economía, la que hasta la fecha ante nada la hacíamos dependiente de la calidad de sus empleados, puede en un futuro igualmente depender de la calidad de sus desempleados, como mínimo en el sentido que estos no interrumpan las labores. 

El hecho que los gentleman de una clase ociosa a la cual se refería Thorstein Veblen no trabajasen, reflejaba en esencia el que estuviesen libres de necesidades económicas. Pero de ello no se puede concluir que la economía y la paz social del momento, igualmente no necesitasen de no tener tales caballeros compitiendo por los pocos puestos de trabajo que existían, como consecuencia de una revolución industrial. 

Los gentleman eran estimulados para estudiar filosofía y arte por el estatus social que ganaban al conocer de tales materias. En tal sentido, uno de los retos más importantes que en la actualidad tenemos como sociedad es: ¿cómo crearles a los desempleados un estatus social que los incentive a ser sólidos y dignos ciudadanos desempleados? 

Y necesitamos de imbuir a los desempleados con un orgullo muy especial, pues solo así lograremos evitar que hagan exigencias económicas imposibles... hasta la fecha no he encontrado pistas sobre el cómo manejar una contratación colectiva con sus representantes sindicales. 

Ante nada tenemos que cuidarnos de los peligros del ocio, por cuanto lo último que necesitamos es que los estructuralmente ociosos estén ociosos, ni siquiera coyunturalmente. Muchos de los desempleados de nuestros jóvenes se encuentran por lo menos ocupados con sus celulares, y no queremos que se desocupen... y por lo que entregarles sus resultas petroleras, para que se compren lo que más les provoque, algo así como un iPad, suena a buen comienzo. 

Amigos, Venezuela debe aspirar a tener buenos empleos, pero también a tener los mejores desempleados del mundo.

jueves, 29 de diciembre de 2011

El Veneno de Basilea

Mark Twain describía a los banqueros como aquellos quienes prestan el paragua cuando el sol brilla, y exigen su devolución cuando llueve. Tradicionalmente se ha considerado que la natural aversión al riesgo del banquero, es un obstáculo para lograr la suficiente toma de riesgos, tan necesaria para permitir a la economía moverse hacia adelante, y no estancarse, y no caer. 

Pero ésa aversión al riesgo propia del banquero, fue multiplicada exponencialmente por las regulaciones bancarias producidas por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea. Estas incentivan al banquero a prestarle exageradamente a quienes oficialmente se consideran como los no riesgosos, y, con ello, desincentivan el prestarle a los percibidos como riesgosos. 

Por ejemplo, según las normas de Basilea II que rigen las regulaciones bancarias españolas, si un banco español le presta a un pequeño empresario español, de aquellos que pueden ayudarles a crear la nueva generación de empleos, se le requiere al banco tener un capital del 8 por ciento. Eso equivale permitirle al banco ganarse el margen neto ajustado por riesgos y costos por préstamos a empresarios unas 12 veces sobre su capital (100/8). Pero cuando el banco otorga un préstamo para la adquisición de viviendas, sólo se le requiere tener un 2.8 por ciento en capital, lo que le permite ganar ése mismo margen neto, unas 35 veces sobre su capital (100/2.8). 

Por lo tanto, si un banco español espera obtener, después de costos y de pérdidas estimadas por riesgos de no pago, un margen neto del 1.5 por ciento al prestarle a un pequeño empresario español, esperaría lograr un retorno decente del 18 por ciento al año sobre su capital, mientras que, si el banco piensa ganar ese mismo margen neto, otorgando préstamos para la adquisición de viviendas, pensaría en ganarse un ya indecente 52 por ciento al año. 

Por supuesto lo anterior envenenó a España… dificulto e hizo más oneroso el acceso al crédito bancario para los pequeños empresarios, y facilitó y abarato los préstamos para las viviendas… y como resultado ahí están hoy los españoles, despistados y desesperados, con viviendas vacías y sin empleos. 

En Mayo de 2003, en El Universal, en un artículo titulado “Basilea”, alerte que sus normas deberían llevar estampado el siguiente mensaje: “Advertencia, el exceso de regulaciones bancarias de Basilea puede ser muy perjudicial para el desarrollo de su país”. 

Amigos, si tienen amigos o familiares en España, les agradezco les hagan llegar este artículo. A ellos como al resto del mundo naturalmente les resulta tanto más fácil creerse el cuento de que su crisis económica resulto de una falta de una regulación bancaria, que el creer en una realidad más difícil de entender, la de unos pocos reguladores bancarios expertos que regularon mucho pero increíblemente mal. 

Aún cuando en casi todo el mundo se observa la existencia de excesivos préstamos a lo que ex-ante es considerado como nada-riesgoso, como triple-As e “infalibles” soberanos, el peligro de esta artificiosa aversión al riesgo del regulador sigue latente. Tanto en España como en el resto del mundo, parecen estar dispuestos a seguir tomando del veneno, ahora en su versión de Basilea III. 

Hay que “¡Ocupar a Basilea!”... para sacar de ahí a quienes infantilmente se han creído que el desarrollo puede ser algo libre de riesgos, y arrogantemente se han creído unas súper-niñeras capaces de eliminar los riesgos. Muchísimo más que bancos estables, necesitamos bancos funcionales. ¡Feliz Año!

jueves, 15 de diciembre de 2011

El trágico desastre bancario

Simplificando: Si el costo de fondos de un banco alemán es del 2 por ciento; si desea ganar un margen del 1,5 por ciento; si analizar un crédito para un pequeño empresario cuesta el 1 por ciento; y si el riesgo que percibe de que ese empresario no repague es del 3 por ciento, entonces el banco alemán le cobraría al pequeño empresario alemán un interés del 7,5 por ciento. 

Y si el costo de analizar la capacidad crediticia de Grecia es cero, por cuanto para eso Grecia le paga a una calificadora de crédito; y si el riesgo que se percibe existe de que Grecia no pague es del 1 por ciento, entonces el banco alemán, le cobraría a Grecia un interés del 4,5 por ciento. 
 
Si el regulador le exigiese al banco alemán tener un capital del 8 por ciento para respaldar sus activos, y por lo tanto pudiere apalancar su capital unas 12 veces, el banco pudiese entonces esperar ganar un 18 por ciento sobre su capital, tanto cuando le presta al pequeño empresario alemán, como a Grecia. 
 
Pero eso era antes que la actual generación de reguladores bancarios interviniese, enredando el papagayo. 
 
Los reguladores, con sus normas de Basilea II, le dijeron al banquero alemán: "Si le prestas a un riesgoso empresario alemán necesitas el 8 por ciento de capital, pero si le prestas a una Grecia, considerada (hace poco) por las calificadoras de crédito como casi infalible, entonces necesitas solo el 1,6 por ciento de capital. 

Y por cuanto el 1,6 por ciento de capital permite apalancar más de 60 veces, el banco alemán, de repente, podía esperar ganar un retorno del 90 por ciento sobre su capital prestándole a Grecia. Y hasta podía darse el lujo de prestarle a Grecia a una tasa menor, y aún así ganar más sobre su capital que prestándole al pequeño empresario alemán. 
 
Y el banco alemán, igualito a los demás bancos en Europa y Estados Unidos, se apresuraron a colocar sus fondos en los puertos oficialmente considerados como seguros, tales como Grecia, Italia, España, o los títulos valores calificados como triple-A; y por supuesto los gobiernos responsables de estos puertos-seguros no resistieron la tentación de los abundantes préstamos baratos; y todos estos puertos-seguros se atiborraron convirtiéndose en trampa jaulas ...todo mientras que el pequeño empresario alemán veía su acceso al crédito bancario dificultado y encarecido... y los bancos demasiado grandes para fallar, se hacían aún más grandes. 

Y ya, varios años adentrados en esta crisis que tiene al mundo occidental a punto de caída libre, el problema descrito ni siquiera se discute, y los mismos reguladores preparan ahora su Basilea III, sobre la misma base fallida de discriminar los requerimientos de capital de los bancos en base al riesgo percibido. 

En enero del 2003 en una carta en el Financial Times de Londres escribí "Todo el mundo sabe que, tarde o temprano, las calificaciones emitidas por las calificadoras de riesgo son una nueva generación de riesgos sistémicos, a punto de ser propagados por el mundo con velocidad moderna". Y en noviembre de 2004, también en el Financial Times, pregunté "¿Cuántas propuestas de Basilea necesitarán antes de darse cuenta del daño que están causando favoreciendo tanto los préstamos bancarios al sector público?". 

¿Y a cuenta de qué todo esto? A cuenta de evidenciar el porqué no confío mucho en los magníficos tecnócratas, que dicen saber lo que hacen. ¡No! ¡Qué va! ¡Entréguenle las resultas petroleras a los ciudadanos, para que sean estos quien las siembren!

jueves, 11 de agosto de 2011

El Comunismo del Comité de Basilea

Bajó la calificación crediticia de la deuda de Estados Unidos, pero, aún así, los intereses que el mercado le cobra a su gobierno bajaron. Si Estados Unidos no pudiese servir su deuda... ¿dónde quedan los demás?

Pero quiero escribirles sobre un tema relacionado con las deudas públicas, que es totalmente ignorado en el debate mundial, pero que significa que lo que está ocurriendo es tanto peor de lo que se cree... lo lamento.

El Comité de Basilea para la Supervisión Bancaria, es el ente regulador creado por el G10 en 1988, y al cual hoy en día se adscribe la mayoría de las economías importantes del mundo. Pues bien, ese comité decidió fundamentar sus regulaciones sobre la base de unos requerimientos de capital para la banca que son más altos cuando el riesgo percibido de no pago es alto que cuando ese mismo riesgo se percibe como bajo. Como perceptores oficiales del riesgo designaron a las calificadoras de crédito.

Aun cuando pueda sonar lógico, más riesgo más capital, menos riesgo menos capital, lo anterior es una insensatez de proporciones mayúsculas... yo diría que hasta histórica.

Para comenzar basta saber que ninguna crisis bancaria ha sido causada por excesos de préstamos o inversiones en algo considerado ex-ante como riesgoso, todas, sin excepción, han sido causadas por exceso de préstamos o inversiones en algo erróneamente considerado como no riesgoso. En marzo de 2003, el Financial Times de Londres me publico una carta: "La madre de todos los riesgos sistémicos", donde sostenía que "tarde o temprano, las calificaciones emitidas por las calificadoras de riesgo crediticio son solo una nueva variedad de errores sistémicos, a punto de ser propagadas a velocidades modernas".

Luego, tales requerimientos ignoran el hecho que la información contenida en las calificaciones de crédito ya ha sido considerada al establecer las primas de riesgo que vía las tasas de interés se le cobra a los clientes, por lo que, al incluirlas además para calcular el capital requerido, resulta en un doble conteo de la "percepción". Cualquier información, por buena que sea, se convierte en mala si es considerada en exceso.

Lo anterior se traduce en que casi todo el capital bancario que existe en el sistema es originado, y por ende pagado, por los prestamistas "riesgosos", mientras que los "no riesgosos", los gobiernos "buenos" y los privados calificados como triple-A, salen en góndola. Algo así como colocarle más peso en el hipódromo a los caballos debutantes y a los que han corrido mal y quitárselo a quienes vienen ganando... y esperarse una buena carrera.

Lo anterior distorsiona el mercado e impide saber cuáles serían las tasas de interés reales de no existir estas regulaciones bancarias tan favorables para los "no-riesgosos". En otras palabras, de las extraordinariamente bajas tasa de interés pagadas por Estados Unidos... ¿cuánto de ello se debe a ese comunismo regulatorio favorecedor del Estado y discriminador del ciudadano que se infiltró en su sistema vía el Comité de Basilea?

Generar crecimiento económico y empleos requiere de los pequeños negocios y empresarios, pero los bancos hoy solo le prestan a los gobiernos y a los triple-A, por cuanto no tienen el capital requerido para respaldar los préstamos a los "riesgosos". Los gobiernos, mientras, aseguran que si los bancos entran en problemas ellos los van a apoyar. En ese abrazo de muerte nos tienen atrapados. ¿Habrá que crear una banca paralela informal que nos sirva?