jueves, 24 de abril de 2003

El handicap financiero

En las carreras de caballo, para tratar de igualar las posibilidades de triunfo entre los competidores, frecuentemente se usa el sistema de handicap, que implica ponerle un mayor peso a los ejemplares, que han demostrado mayor capacidad de ganar. El mundo de las finanzas no es tan benévolo, allí se le impone más peso a quienes, según el mercado, tienen menos perspectivas… presentan mayor riesgo. 

Cada mañana cuando un venezolano sale a construir su futuro y el de su Patria, bien sea servidor público o privado, carga sobre sus hombros el peso del riesgo país (RP) que ese día hayan fijado los mercados financieros. Ese RP, que en principio se calcula sobre la base de cuántos intereses más requiere el mercado por la deuda pública externa de Venezuela, comparada con una similar en los Estados Unidos, se ubica actualmente en los 11% - 14%. 

El RP afecta no sólo al sector público, sino que se filtra por toda la economía. Efectivamente, vemos por ejemplo como un privado, que desee contratar deuda externa y si no tiene garantías externas que ofrecer, deberá pagar su tasa de interés normal, más el RP. En materia de tarifas de servicios públicos, los modelos indican la necesidad de retribuir al inversionista con un margen de ganancia normal, más el RP. 

Un RP alto es una contaminación económica, que tapa todo y que impide respirar con normalidad. Si Venezuela desea recuperarse de este enfisema económico, no hay mejor camino que reducir el RP rápido y considerablemente. 

Obviamente que el RP tiene muchas causas y muchos orígenes pero la principal está generalmente relacionada con la capacidad de servir la deuda pública del país. 

En tal sentido, les garantizo que de sólo lograr distribuir la amortización de nuestra deuda pública sobre un plazo mucho más largo y garantizarle al mercado que esto no se hace para aumentarla luego, debido a lo relativamente modesto de su tamaño, rápidamente podríamos lograr que nuestra deuda fuera clasificada con grado de inversión, lo que reduciría el RP considerablemente. 

Todo lo que hace falta es un poco de voluntad y unidad. Si las partes en discordia insisten en preferir pelear sofocados y fallos de respiración, pues así será. No obstante, estoy convencido de que el oxígeno que produciría reducir el RP beneficiaría tanto al Gobierno como a la oposición, por no decir al resto de nuestro país, que tanto lo necesita y merece.

jueves, 26 de septiembre de 2002

Lo riesgoso del riesgo país

¡QUE HORRIBLE DEBE SER TRABAJAR como controlador aéreo! Cualquier pequeña equivocación puede provocar una horrible tragedia humana. Con razón dicen que estos profesionales se 'queman' rápido. Supongo que algo parecido debe pasarles a los calificadores de riesgo soberano... aquellos que con su cuidadoso juicio dictaminan el riesgo país.

La importante labor de las calificadoras de riesgo tiene dos funciones. La primera, aquella por la que se les paga, consiste en analizar si el deudor puede o no honrar su deuda, lo que determina si los fondos de pensión, bancos y empresas de seguro invierten o no en los papeles de ese país. La segunda función, más importante aún, consiste en transmitirle al gobierno deudor señales, que lo ayuden a mejorar su gestión.

¡Qué tarea más difícil la de los calificadores! Si se les pasa la mano y subvalúan el riesgo del país, éste seguro será inundado de préstamos y endeudado hasta el tequeteque, para luego tener que enfrentar una ola de ajustes. Si por el contrario, exageran el riesgo país, ello por sí solo puede causar una baja en las cotizaciones de la deuda, aumentar el costo de intereses para el país y dificultar su acceso a los mercados financieros, hasta el punto que la equivocación inicial, podría terminar siendo verdad. En todo caso, cualquier extremo suele acarrear hambre y miseria humana.

¡Qué pesadilla ser calificador! Imagínense tratar de conciliar el sueño, pensando en la posibilidad de que un juez, de los nuevos, que globalmente se inmiscuyen en todo, olfatee y determine que la quiebra de un país se debió a una equivocación o descuido suyo y proceda contra él por delitos de lesa humanidad. Si la responsabilidad de calificar a países soberanos fuese mía, buscaría asegurar un proceso totalmente transparente, aun cuando ello levante algo el velo de sofisticación de la profesión y me obligue a sacrificar parte de mi propio valor de mercado.

¡Qué suerte la nuestra, que no somos ni controladores aéreos, ni calificadores de riesgo soberano! Aun así, por cuanto podríamos ser víctimas de una de sus equivocaciones, aunque sea por instinto de sobrevivencia, nos conviene asegurarnos que ambos hagan bien su trabajo.

En recientes reportes de país observamos que luego de haberse introducido en una caja negra metodológica, producen finalmente, como por arte de magia, una calificación crediticia. Muchos de estos reportes me lucen similares a las críticas de películas, porque percibimos más el gusto personal del calificador por la manera de como los directores de un país buscan honrar sus compromisos, que un estricto análisis financiero de fondo sobre la capacidad que tiene o no el país de servir su deuda.

Lawrence Lessig, en su libro El futuro de las ideas , sostiene que una época se marca, no tanto por lo que se debate, sino por lo que se da por cierto y no se debate. En tal sentido, al existir el riesgo de que el 'riesgo país' se convierta en el principal riesgo del país, no creo que debamos asignarle tan alegremente un AAA a las calificadoras de riesgo.

miércoles, 14 de agosto de 2002

Guacara no es Basilea

 Guacara no es Basilea

 La cartera de créditos de la banca venezolana, que en 1982 ascendía a 16.000 millones de dólares, para Junio de 2002, en dólares constantes del 82, apenas alcanzó 3.300 millones de dólares, es decir, un 21% de la del 82.  Siendo el caso que niveles tan bajos como éstos no se veían desde finales de 1996.

 

En un artículo que publiqué en Junio de 1997, alerté sobre el peligro de que ante el pánico de caer en otra crisis bancaria, fuéramos a exagerar las regulaciones bancarias, olvidándonos de la función principal de la banca, que no debe ser otra que la de ser un agente activo en el desarrollo económico del país y para lo cual se le otorga la licencia. 

 

Desde ese entonces, he argumentado en múltiples artículos, que tenemos que cuidarnos de las normativas bancarias de Basilea, que como parte del proceso de globalización, buscan ser impuestas en todo el mundo, ya que éstas, si bien pueden ser lógicas para un país desarrollado, que quizás sólo busca cuidar su dinero, pueden resultar demasiado estrictas para un país en vías de desarrollo, como el nuestro.

 

Entenderán entonces el porqué de mi angustia, cuando en una entrevista publicada a página completa en un diario nacional, el nuevo superintendente de bancos no mencionó ni una palabra sobre cómo la banca puede fomentar el crecimiento económico y se limitó a declarar sobre aspectos restrictivos de la regulación, con frases como: “nosotros somos el aliado estratégico del sistema para garantizar los depósitos…” y  “me he trazado el objetivo de adaptar la normativa del sistema a los principios fundamentales de Basilea”.

 

Ante la profunda crisis económica en la que nos encontramos sumergidos, si yo fuese superintendente, por el contrario, no haría otra cosa que tratar de determinar si las regulaciones actuales pudieran, de alguna forma, estar frenando innecesariamente el otorgamiento de créditos y, de ser así, procedería a modificarlas… diga lo que diga Basilea.

 

En todo caso, debe señalarse que el impacto que pueda tener uno u otro tipo de regulación bancaria en la salud del sistema financiero, siempre será infinitamente menor que el que tiene el estado real de la economía en la que se desenvuelve la banca.

 

Si hay algo preocupante de la globalización, es que aquella categoría de peligrosos funcionarios públicos, que se limitaban a desarrollar normativas desde sus oficinas con aire acondicionado en Caracas, ignorando el mundo real, hoy siguen en lo mismo, pero desde oficinas aún más remotas… en Basilea.




miércoles, 7 de marzo de 2001

Cuidado con la consolidación bancaria

Cada día quedan menos bancos en el mundo. Para quienes hemos oído historias de terror sobre quienes para solucionar problemas de retiros fraudulentos de sus tarjetas, deben conversar por teléfono con voces anónimas y tratar de sonar inocentes, pensar en la posibilidad de que algún día nos quede un solo banco, nos recuerda a Kafka. 

Pero, aparte de vivencias dignas de un Stephen King, la consolidación bancaria, una evolución que se nos ha vendido como una maravilla, puede contener otros riesgos no suficientemente comentados – o felizmente ignorados. Entre éstos los siguientes: 

Menor diversificación de riesgos. Hagan lo que hagan las autoridades para garantizar la diversificación de los bancos, no hay duda que menos bancos, significan menos cestas en donde poner los huevos. Cuando leo que durante los primeros cuatro años de la década de los 30 en los Estados Unidos fracasaron un total de 9.000 bancos – me pregunto qué hubiese sido de ese país de haber existido un solo banco. 

El riesgo regulador. Antes existían muchos países y muchas forma de regular la banca. Hoy, cuando en Basilea con soberbia se dictan normas de aplicación mundial, los efectos de cualquier equivocación, pueden ser explosivos. 

Excesiva similitud. Fomentar que bancos adopten reglas y normas comunes, es ignorar las diferencias entre economías, por lo que algunos países terminarán con sistemas bancarios poco adaptados a sus necesidades. Ciertamente, normativas cuyo objetivo principal aparenta ser el de salvaguardar capitales, entran en conflicto con otras funciones de la banca, tales como la de fomentar el crecimiento económico y democratizar el acceso a los capitales. 

Menor diversidad de criterios. A menor número de participantes, menor la diversidad de opiniones y, con esto, mayor riesgo de que prevalezcan concepciones equivocadas. Quien lo dude, que lea los análisis unidimensionales que publican las calificadoras de riesgo. 

Reacción violenta. El desarrollo de los procesos decisorios, tiene eneficios pero también riesgos. Así vemos que la propia velocidad de la información, que promueve una respuesta rápida e inmediata, puede agravar los problemas. Antes, entre los que se llevaban a casa el problema para estudiarlo y los que se enteraban tardíamente, se proveía al mercado de un amortiguador, que muchas veces lo salvó de decisiones intempestivas y mal pensadas. 

Beneficios pocos claros. Hasta la fecha no hemos visto un banco extranjero otorgar, por ejemplo, créditos hipotecarios con términos de plazo e intereses globalizados. En tal sentido, no resultan claros los beneficios de una banca global, cuando ésta opera sustituyendo a la banca local. 

Costo de auxilios globales. Cuando la banca en Venezuela tuvo su última crisis, entre otras causas por comprar bancos a precios excesivos, fue triste pero lógico, que el costo fuese pagado por nuestro país. Hoy, con bancos globalizados, que no están inmunes a cometer loqueteras, como también comprar otros bancos al precio que sea, ¿quién pagará la cuenta? 

En la actualidad, cuando el mundo pide fusiones o consolidaciones bancarias, me pregunto si, por el contrario, no se le debería imponer a la banca la creación de reservas especiales por tamaño. A más grande el banco, peor la caída y mayor la necesidad de evitarla.

El Universal, Caracas, 7 de Marzo del 2001


viernes, 24 de noviembre de 2000

Mi mensaje al IESA

"Otro aspecto que requiere de un mejor estudio son las regulaciones aplicables a nuestro sistema financiero, el cual parecería adoptar cada día más la agenda de Basilea, que puede que sea muy buena para un país desarrollado interesado en conservar lo que tiene, pero que le plantea una serie de interrogantes para un país en vías de desarrollo, como el nuestro. Entre éstas; ¿Cómo afectan esas disposiciones el rol vital que debería tener la banca, tanto en la promoción del crecimiento económico, como en la democratización del capital?"

https://radicaldelmedio.blogspot.com/2000/11/los-proximos-35-anos-del-iesa.html

El Universal

Una pregunta en el  2023

¿No deberían las ciencias económicas beneficiarse en cierta medida al considerar de algún modo los créditos bancarios como nutrientes de la economía? 🤔

Por ejemplo, deuda pública e hipotecas residenciales como carbohidratos; y préstamos a pequeñas empresas y emprendedores como proteínas.

Usted – con un Maestría en Administración de Negocios - MBA del IESA; ¿alguna opinión?

https://x.com/PerKurowski/status/1703427366016495856?s=20

lunes, 7 de agosto de 2000

La banca local y las normativas globales

Muchos tienen aún presente la última crisis del sector bancario en Venezuela, memoria ésta refrescada gracias al reciente incidente de Cavendes. De allí que la opinión publica exija a la banca, antes que nada, una mayor seguridad en sus colocaciones. Adicionalmente, aparte de que se le preste un servicio eficiente en el manejo operativo de sus fondos y a que eventualmente se le conceda algún crédito al consumo, pocas son las demás expectativas que tiene un cliente normal respecto de su banco.

Es por ello que con frecuencia se olvida en el debate bancario que las dos funciones fundamentales de la banca son la de ser un agente activo en el proceso de generación del crecimiento económico y la de colaborar en la función de democratizar el capital, es decir, de permitir el acceso al capital a aquellas personas o regiones que, aún carentes de recursos, tienen iniciativas y voluntad de trabajo. 

En Venezuela, hasta hace poco, la aprobación de una licencia bancaria dependía, al menos en teoría, de cómo se pensaba cumplir con tales funciones sociales, sin que la solvencia para devolver el dinero en un futuro pareciera tener mayor relevancia. ¡Cuánto dista esto de ser cierto hoy! 

En términos de dólares constantes de 1982, la cartera total de préstamos de la banca en Venezuela para Diciembre de ese año se situaba alrededor de 16.000 millones de dólares. En Febrero del 2000 se ubica en apenas unos 5.300 millones de dólares – incluyendo los créditos al consumidor. Estas cifras evidencian una verdadera crisis de crecimiento y si bien el reciente proceso de fusiones bancarias en Venezuela puede lograr generar, a nivel de la captación de depósitos, ciertos ahorros operativos, sin embargo, no queda muy claro cómo ha de contribuir a reactivar la economía.

Al meditar sobre lo anterior, considero que también es necesario cuestionar la importación, desde Basilea, de normativas bancarias, más apropiadas para países ya desarrollados, que para países en vías de desarrollo como el nuestro. Muchos de los problemas surgen por el sólo hecho de que como tales disposiciones fueron desarrolladas para ambientes de cierta estabilidad macroeconómica, al transplantarse en países con inflación o volatilidad cambiaria, muchas veces se hacen inoperantes e incluso hasta contraproducentes.

En 1975 John Kenneth Galbraith, en su libro “Dinero, su Origen y Destino”, adelantó la tesis de que una de las razones fundamentales, para que en el siglo pasado se lograra el desarrollo económico del oeste y del sudoeste de los Estados Unidos, era la existencia de una banca agresiva y poco regulada, que con frecuencia quebraba causándole grandes pérdidas a depositantes individuales, pero que, a causa de una ágil y flexible política crediticia, dejaba una estela de desarrollo.

Hoy, al contemplar la recesión que reina en nuestro país y sin hacer en forma alguna una apología de los delitos, que pudieran haber estado presentes, surge la tentación de preguntarse si el país se equivocó al provocar que sus banqueros fugitivos buscasen refugio en otros países, donde gastan su dinero y sus esfuerzos. ¿No hubiera sido preferible haberlos obligado a desarrollar, por ejemplo, el eje Orinoco Apure? 

También es oportuno cuestionar el hecho de que en un país que necesita generar empleos y por lo tanto, préstamos con fines productivos, sin embargo sus normativas estén más orientadas a facilitar el otorgamiento de créditos al consumo. En cuanto a la democratización del capital, el mismo Galbraith indica con sagacidad, que obviamente a menor grado de regulaciones que afecten la actividad bancaria, mayor será la posibilidad de democratizar el capital.

Lo más triste de todo el capítulo de las normativas bancarias es que en verdad los riesgos no sólo persisten sino que a veces, cuando hay fusiones, pueden multiplicarse, por aquello de que “a más grandes, más duro caen”.

Y ya que hablamos de fusiones, no resisto la tentación de hacer un comentario desde una perspectiva global. Una banca local tiene un serio compromiso con su zona de influencia, ya que sencillamente no tiene para dónde coger. Al especular de que el proceso de globalización de la banca criolla se inicio cuando el Banco de los Llanos, de Valle la Pascua, se convirtió en el Banco Principal, de Caracas - observamos que ello no nos sirvió para mucho. ¿Será acaso mejor el proceso que lleva a gerenciar nuestra banca desde Madrid?

Publicado en El Universal 7 de Agosto 2000



martes, 16 de noviembre de 1999

LA CNV, EL FACTOR HUMANO Y EL BIG BANG

Hace unos días la Comisión Nacional de Valores (CNV) dio una declaración, donde confesó que su Caja de Ahorros había sido defraudada por una sociedad de corretaje, perdiendo Bs. 92 millones, lo cual ha causado que la actual Presidenta de la CNV se declare apesadumbrada.
 
Igualmente, leímos hace días sobre la nave espacial Mars Climate Orbiter que, a un costo de US$ 125 millones y controlada por la NASA, sufrió pérdida total a causa de una confusión entre los científicos, al aplicar uno de los equipos medidas del sistema métrico y el otro medidas inglesas. Ni más ni menos. 

Si lo ocurrido a la NASA le sirve de consuelo a nuestra CNV, o lo de la CNV a los de la NASA, que lo disfruten, pero no es mi intención el ofrecer un hombro para las lágrimas de la burocracia, por eficiente que ésta sea, sino sólo la de recordarles acerca de la necesaria humildad que todos los humanos debemos tener, a la hora de estimar nuestro poder para controlar nuestro alrededor. 

Lo traigo al caso por cuanto en el mismo momento en que la CNV declaró sobre sus pérdidas (desconozco si existe una relación de causa y efecto), anunció que, para combatir los recientes fraudes, ha establecido nuevas y mayores exigencias de capital a las casas de bolsa y sociedades de corretaje. En términos del actual lenguaje político, esta solución de echar dinero sobre el problema, se encuentra enmarcada dentro de una pura tradición Punto-Fijista. 

Creo que el ejercicio correcto de actividades de naturaleza fiduciaria, tan sensible como la de intermediación de valores y administración de carteras, no tiene nada que ver con capitales y todo que ver con la ética de las personas involucradas. En tal sentido, objeto fuertemente a la CNV cuando dice que "los débiles tendrán que fusionarse para permanecer. Vamos a sacar a las manzanas podridas para que se renueva la confianza". Estableciendo esta declaración una falsa y peligrosa relación entre manzanas débiles y podridas. 

De hecho, el corredor financieramente más débil del sistema puede brindar los servicios más honestos y correctos, mientras que la empresa de corretaje con mayor fortaleza financiera y que presumimos sea la que realice más operaciones, simplemente, por su tamaño, puede causar la caída de todo el sistema. A mí siempre me ha extrañado como en Venezuela y en el resto del mundo, los órganos de supervisión, al mismo tiempo que pregonan las virtudes de la diversificación, actúan de forma tal que día a día quedan menos actores. 

La CNV no debería buscar satisfacer la necesidad de ética con capitales. Tampoco debería permitir que los fraudes se oculten tras empresas anónimas y que no se persiga a los responsables. En esta última tarea debe recordar que la sanción social es el elemento de control más importante que existe. 

De existir una relación entre la debilidad y una manzana podrida, es justamente en el sector oficial, cuando organismos supervisores, como la CNV, se quejan por un lado de la falta de recursos necesarios para hacer un buen trabajo, a la vez que transmiten, sin la menor pena, mensajes para dar a entender que están cumpliendo con sus funciones. 

De ser Presidente de la CNV en Venezuela, jamás permitiría publicar la leyenda, "Emisión autorizada por la Comisión Nacional de Valores" lo cual sólo transmite un falso sentido de seguridad al mercado. Por el contrario, exigiría publicar algo en el sentido de "Alerta, las inversiones en el mercado de valores, por buenas que parezcan, siempre representan riesgos, los cuales son imposibles de controlar por una CNV, tenga o no tenga los recursos." 

De ser Presidente de la CNV le expresaría además a mis colegas de Gobierno, que dentro de las circunstancias actuales del país, la gestión de la CNV francamente carece de sentido, dado que la poca influencia que pudiera, si acaso, tener para lograr una reactivación económica, tiene un costo directo que resulta, con toda seguridad, altísimo al compararse con el bajo volumen que hoy se transa. 

Si por cualquier consideración política o de otra índole, se requiere conservar la estructura supervisora de la CNV, creo que más sentido tendría el usarla para supervisar lo que, por su movimiento, sin duda debe ser el verdadero mercado de capitales en la Venezuela de hoy, las loterías. 

Esta semana, en Newsweek, se publicó un artículo relativo a la sorpresiva caída, de casi 20%, que en un día tuvo una de las acciones más negociadas del mundo, la de IBM. Dicha caída se atribuye a factores normales que, en la opinión del articulista, no debería haber sorprendido a ningún analista que se respete. 

El propósito del mencionado artículo fue "Enseñar a no tomar la capacidad investigativa de Wall Street muy en serio y de recordarse de reír la próxima vez que alguien les diga que el mercado de acciones es un sitio racional, donde los grandes inversionistas saben lo que hacen". Recomiendo también reírse, la próxima vez que un ente supervisor salga a presumir que puede hacer su trabajo. 

Finalmente, deseo comentar sobre otro riesgo de la regulación. Al leer noticias sobre accidentes en plantas nucleares de Japón y el riesgo de una proliferación de armas nucleares, no hay duda que renacen los temores de un Big Bang tradicional, es decir, uno nuclearmente inducido. No obstante, el Big Bang que yo más temo, es el que puede ocurrir el día en que aquellos genios reguladores de la banca en Basilea, jugando a dioses, logren introducir un error sistemático en el sistema, que cause la quiebra del “UBM” (Unico Banco Mundial) o dinosaurio financiero sobreviviente para ese momento. 

Hoy en día, todas las fuerzas del mercado favorecen a las entidades mientras mayores sean éstas, bien sean bancos, bufetes, empresas de auditores, sociedades de corretaje, etc. Quizás una de las cosas que podrían hacer las autoridades, para asegurar la diversificación de riesgos, es imponer unos impuestos por tamaño.